dilluns, 18 d’agost de 2008

ESTA GENTE TAN TRISTE Y MISERABLE

(Amadeu Casellas) Esta gente tan triste y miserable.

En mi ingenuidad, pensaba que estaba muy lejos de esos nefastos y auténticos visionarios criminales, que conciben el mundo en una perpetua guerra entre los imperios del bien y el mal.

En mi ingenuidad, creía que las penas de muerte se aplicaban en países de genocidas gobiernos reaccionarios y que, esos países con sus gobiernos, se encontraban a mucha distancia del mundo que me había tocado vivir.

En mi ingenuidad, creía que había una gente muy perversa, siempre en otros lugares, y que aquí sólo podía llegar un ligero murmullo de los espejismo de esos mundos. Organizaciones internacionales, siempre nos recuerdan esas realidades crueles, injustas, impunes, pero en definitiva, siempre lejanas.

En mi ingenuidad, creí vivir en el mundo menos malo, o en el mejor de los peores mundos.

Pero en la vida, siempre nos encontramos con situaciones que le hacen a uno darse de bruces y reventarse las narices contra la oculta realidad de esos falsos mundos de tramoya.

El pasado Martes, 12 de Agosto, tuve la fatídica casualidad de que en mi camino se cruzara una de esas tristes y miserables personas; que bajo una apariencia joven, amable y hasta casi atenta, te obsequia con una fría y distante sonrisa envenenada que me hace pensar que, si la muerte sonríe alguna vez, esta debería de ser la más parecida.

Sorprende en ocasiones que, al encontrarnos con una persona joven, uno descubra esa mueca de letal amargura, que tanto caracterizó al antiguo y criminal régimen fascista. Esta persona, es una mujer joven y rubia. Seguramente que para muchos, hasta atractiva. Sí, en ocasiones, la fatalidad también se reviste de su halo atractivo. Una mujer, posiblemente casada, pues lucía, junto con un juego de dorados aros de pulsera, un anillo que parecía de desposada. Una mujer joven que, pese a su probable carácter abierto y progresista, seguramente seguía aferrada a unos viejos y rancios valores de una mal entendida tradición.

En definitiva, una mujer que ha conseguido un puesto de cierta relevancia, porque no ha traicionado esos valores tan genuinamente patriarcales. Lo grave de la situación es, que en este país en el que se asegura y afirma que no existe la pena de muerte, esta señora prefirió que una persona llevase su vida hasta el peligroso límite de las últimas consecuencias, al no reconsiderar que, quizás, podía haberse equivocado y aceptar el recurso que en primera instancia, había negado. Esta mujer, que es jueza del juzgado penal nº 2 de Manresa, el pasado martes me hizo recordar que este mundo está gobernado y dirigido por auténticos fanáticos de una terrorífica secta llamada patriarcado, que prefiere entregar y ver morir a sus hijos, antes que reconocerles un posible lado humano. Esta jueza me hizo recordar, los iluminados argumentos de George Bush Jr., cuando dividió al mundo entre el imperio del bien y el imperio del mal. Su perversidad fue tal que, encontrándonos cinco personas en la sala de vistas del tribunal de Vic, sentadxs en los bancos en los que se sientan testigxs, público y acusadxs; en su presencia y en la del secretario del juzgado, el fiscal y la funcionaria, y en un juzgado custodiado por un grupo de "mossos d'esquadra"; nos recriminó que le estábamos presionando. Este sentimiento, es el mismo que utilizan como argumento muchos gobernantes, para aplicar medidas de estados de excepción; para, en su paranoica y retorcida idea, protegernos de los masivos ataques de un terror desconocido (en la mayoría de casos extranjero), que duerme, camina y vive mezclado entre nosotrxs.

El señor Bush apelaba a la Biblia, y bombardea poblaciones civiles en nombre de dios. Para la señora jueza, era un hipotético imperio de la ley, el que debía de dirigir sus criterios, y el código penal, su nuevo testamento. Unas escrituras sagradas de un dios-justicia cruel y vengativo. Esta señora jueza, se lavó las manos para no manchar su posible pulcra carrera, y prefirió dejar abierta la posibilidad de una secuelas irreversibles para la salud o, lo que es casi igual, de una muerte, a tener que ampararse en las más elementales razones humanitarias. Prefirió dejar pendiente la vida de Amadeu Casellas, de la última palabra de la "divina" Provincial Audiencia, antes que negar a ese dios padre, cruel y vengativo.

Dicen que el mundo camina hacia otros tiempos y, toda esa gente tan triste y miserable, lo que hacen sonar son las trompetas de la apocalipsis, en las que el imperio del bien, acabará de una vez por todas y definitivamente, con el imperio del mal; y las personas, en definitiva, seremos sólo las áscuas que se consuman en su fuego eterno de gloria.

Amén, señora jueza.

¡¡Queremos a amadeu libre ya!!
llibertatpresxs