dijous, 30 de setembre de 2010

CNT condemna l'actuació de la policia a Barcelona durant la manifestació en contra de la reforma laboral

En ocasió de la jornada de vaga general del 29 de setembre, CNT-AIT va convocar una manifestació a la Plaça Universitat de Barcelona. Més de tres mil persones van respondre a la jornada de lluita, marxant en contra de la inacceptable reforma laboral imposada pel Govern i la consegüent retallada dels drets dels treballadors. La manifestació va travessar els carrers de Barcelona amb l'objectiu de dirigir-se fins la Subdelegació de Govern a Pla del Palau, on s'havia de realitzar un míting conclusiu.
Mentre la manifestació baixava per Via Laietana i, sense haver-hi cap tipus d'incidents, una furgoneta de la Policia Nacional, sense senyal lluminós ni acústica va irrompre a l'interior de la manifestació a tota velocitat arriscant-se a atropellar diferents manifestants. Davant aquesta evident acció de provocació per part de les forces de seguretat de l'Estat, CNT-AIT va decidir desconvocar immediatament la manifestació per salvaguardar la integritat física dels participants.

Des de CNT-AIT, volem expressar el nostre més profund rebuig davant aquesta grollera maniobra repressiva, que en qualsevol cas, no entela el grandiós desplegament de suport a la jornada de vaga general. Condemnem fermament l'acció de la policia, que evidentment cerca aturar, a través de la força i la intimidació, la massiva mobilització d'aquells treballadors que no s'identifiquen amb els sindicats majoritaris i que veuen a la CNT-AIT una alternativa coherent de lluita per contrarestar l'ofensiva patronal i governamental que busca cancel lar els drets aconseguits a través d'anys de lluita.

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El malestar y las ganas de vivir estallan en Barcelona

Extraído de La Haine.org.

La gente ha dicho basta. Las autoridades afirman que ha sido un grupo antisistema, jóvenes con estética okupa…. Pues no. Hemos sido nosotros. Ese nosotros que las furgonetas de la policía histérica persiguió durante horas por la ciudad sin poder encontrarlo. Ese nosotros que aplaudía cuando se rompían los cristales de El Corte Inglés. Ese nosotros que tomó la palabra en la primera asamblea realizada en el banco expropiado de la plaza Catalunya y dijo: "Tengo casi cincuenta años. Estoy en paro desde hace cuatro años después de trabajar toda la vida. Estoy desesperada pero esta okupación me ha devuelto la sonrisa". En la dictadura democrática todo se puede decir y no sirve para nada. Sí, ciertamente. Pero que en un edificio de los más altos de la ciudad una enorme pancarta proclame "La banca nos asfixia, la patronal nos explota, los políticos nos mienten, CCOO y UGT nos venden… A la mierda" es una verdad demasiado insoportable para el poder. Porque además la gente acudía cada vez en mayor número. Y no había banderas ni consignas facilonas que ya nadie cree. El discurso tópico de la izquierda había quedado atrás. Éramos sencillamente vidas precarias que tomaban la palabra, y entonces asomaba toda la desesperación, y también las inmensas ganas de inventar caminos para resistir juntas. Para salir de esta cárcel en la que se ha transformado la vida. "A la mierda" era un grito de rabia. Pero poco a poco este grito se organizaba, se ampliaba, se enriquecía… y miles de voces lo hacían suyo. Para la dictadura franquista cualquier conflicto de orden público era causado siempre por una minoría, y el modo de descalificarla consistía en decir que se trataba de "estudiantes". Estudiante era sinónimo de vago. Ahora la dictadura democrática insiste como siempre también en calificarnos de minoría, aunque en este caso nos llame vándalos y gamberros. No quieren saber que esa minoría - ese nosotros que se rebela contra esta realidad - es la que hace la historia. Cayó (parcialmente) la dictadura franquista. Sabemos también que tarde o temprano ese sistema de opresión y miseria será agujereado como un gruyere. Porque miles de personas están inventando miles de salidas. Y caerá. Ellos tienen el día. Nosotros tenemos la noche. No pueden identificarnos y nunca sabrán quienes somos. Por eso nos tienen tanto miedo.

Vidas precarias

Gent del carrer